Sueños. Toros.

Sueño con toros, se supone que porque a la hora de soñar, la cabeza echa mano de lo que tiene más cerca. Ahí van las diferentes variantes, no muy difíciles de interpretar. Son tres básicamente.

1) Una calle, el toro hace por mí y no puedo correr todo lo rápido que quisiera (lo típico de los sueños) , ante lo cual siempre me agarra. Esto puede ocurrir con la misma frecuencia en plazas de toros, bares, discotecas, portales, oficina, etc. Me incomoda o me divierte, depende del grado de consciencia de que se trata de un sueño.

2) Un encierro. Los toros llegan cuesta abajo. Hay mucha gente. Estoy en el centro de la calle y obviamente, los toros vienen a por mí. No puedo correr, ni siquiera darme la vuelta. No me puedo mover un paso, sólo alcanzo a taparme la cara y agacharme en el sitio, en cuclillas. Se abre la gente, hay un negro abriendo manada, me va a coger, me despierto. Este es muy constante. Me asusta.

3) Un encierro o una suelta de vacas. Me levanto, quiero llegar a correr y no puedo. Soy incapaz de llegar. Pienso todas las posibilidades, los trucos, pero es imposible. Todo se coordina para que yo lo llegue. No llego al encierro. Siempre lo veo pasar. Me enfado.

Anexos. Dos sueños puntuales relacionados con toros dignos de reseñar por el buen rato:

a) El día que le corté las dos orejas a un toro en el palco de los Maestrantes de la Maestranza de Sevilla en plena feria. Por cierto, estaba como a 40 metros de altura y el riesgo no era la cornada, sino que el toro empujaba al que cogía para que cayese al vacío. No había vallas. Gran estoconazo, por cierto.

b) La tarde en que cuajé un ñu en un campamento en África con un jersey rojo enorme armado con dos ramas. Un faenón.

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