Nadando con chocos - Blog gastroeróticomarinotaurinosentimental equidistante de La Concha y el Faro de Trafalgar

En papel: Twitterfauna

Asomarse a la ventana del mundo puede parecerse a viajar hasta el lugar más recóndito de la Tierra y encontrarse una enorme valla publicitaria que dice 'Beba Coca Cola'. Le ha pasado a Andrés Calamaro, que ha definido a los habitantes de Twitter como «un coro de subnormales generadores de concepto light». A los genios excesivos no hay que tomarlos al pie de la letra, pero un vistazo a las faunas del 'microblogging' resulta, en ocasiones, desolador. Sobre todo si uno se pregunta un buen día qué hace y que piensa la Humanidad y cae en la cuenta de que ni hace, ni piensa.
Están los simples. Leerlos es escuchar a la vecina en el ascensor con semblante interesado mientras en la cabeza de uno sólo aparece un chimpancé vestido de 'munipa' tocando un gracioso tambor. Machacan con el gerundio: siempre están llegando, saliendo, leyendo, probando o adorando. Dan los «Buenos días, Twitter» cada mañana, y anuncian que «hoy va a ser un día duro» porque tienen una reunión importante. ¡Duro, dicen! Como si tuvieran que asfaltar la Jerez-Los Barrios o enterrar a su padre. «Estoy cansado/a» o «Me encanta el helado de fresa» también confirman que es mejor callarse y parecer un idiota que hablar y despejar las dudas.
El tuitero simple presenta una variación maligna: la versión 2.0 de aquel comemierda que gritaba por su móvil «Fulana, estoy en el AVE». Este es capaz de vender un riñón por conectarse desde el extranjero y comentar lo rico que le está «sabiendo» el café que se está «tomando» en su bareto preferido de la Quinta Avenida. Su tweet favorito es el que incluye «estoy en la T4»; con eso muere. Mientras, uno reconoce que las ventanas al mundo no siempre tienen buenas vistas.

+ Publicado en la sección Nadando con chocos de La Voz de Cádiz el 27/08/10. Foto: camiseta de Treadless.

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As seen on TV

A tribute to doing it wrong... Realmente inspirador.

+Vía | Miguel Domingo García.

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En papel: Asepsia

Todos los humanos con miras más allá del litigio de los Thyssen-Cervera quieren cambiar el mundo, aunque cada uno quiera uno distinto. El que promueven algunos con éxito rotundo luce de escamondado, como el paraíso de la asepsia. Es una tabula rasa de metal galvanizado, concebido desde la arquitectura práctica de espacios limpios y rincones zen en el que los pedos huelen a espuma de roca de mar o a la última creación de Ferrán Adrià.
Por este camino por el que nos quieren llevar, desinfectado con lejía Conejo y sembrado de carteles de 'Precaución, suelo resbaladizo', no se permite, por ejemplo, repartir pestiños sin carné de manipulador de alimentos. Ni siquiera en la Caleta, no sea que a Carmeluchi le suba el azúcar, o que a Bernabé se le corte la tortilla de papas y casque de una mala digestión entre las 'pieras'. Los ayatolas del higiene prefieren que se pudra en una residencia de ancianos, que es mucho más efectivo y ni siquiera se nota. Ya han conseguido que se erradique la enfermedad de las calles y la muerte de las casas. Hospital, tanatorio y al hoyo en una ceremonia íntima. Y rápida.
Recientemente, han logrado eliminar los toros de Cataluña. No van a parar ahí. Un día no lejano terminarán con los encierros por las calles, las carreras del Palio de Siena, los animales de tiro en el campo, los perros con correa, la resaca, los besos con sabor a tabaco, los polvos adolescentes en los bancos del parque y hasta el exceso de velocidad de las gaviotas con el Levante de cola, no sea que se lastimen contra la barandilla del Puente. En ese mundo futuro no cabrá nada que no sea susceptible de protagonizar la portada de una revista de tendencias. Ese día, de limpio, el mundo se morirá de asco.

+ Artículo publicado el 20/08/2010 en La Voz de Cádiz.

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El día en que bajamos del monte peligrosamente

Hacer algunos reportajes es un regalo. Este es uno de ellos. Jesús Mari, José Mari, Íñigo, Celia, José Luis, Fermín, Javi, Arturo...Gracias a todos los amigos que hicimos el día en que bajamos del monte peligrosamente.


Calvo, barbudo, rápido, pequeño pero recio. Muy fuerte. Si hubiera nacido hace mil años, tal vez hubiera sido un monje soldado trotando por aquella misma ladera, vestido con una celada y armado con una ballesta, dándole la del pulpo a las huestes del moro Abd Allah en la batalla de Yabal al Bardi, en los pedregosos y secos entornos de Falces. El mundo ya no está para 'cruzadas' y Jesús María Goñi, 'Pituto', es un tipo modesto y pacífico, poco amigo de fanfarronear y tendente al abrazo y la amistad. Tiene, eso sí, la curiosa costumbre de lanzarse a tumba abierta por una pendiente imposible, sembrada de piedras, escalones y trasquiladas en la roca. Por si fuera poco intenso, le siguen media docena de vacas bravas en puntas. ¿Loco? Puede ser. Pero vibrante también. Mucho. Es el Pilón de Falces, el encierro más extremo de los que se corren en el mundo, testigo de la pasión taurina en Navarra, que saltó el miércoles a los informativos con el toro que se 'coló' en los tendidos de la plaza de Tafalla. Para los cazadores de sensaciones, sucede la semana del penúltimo domingo de agosto, cada día junto a la ribera del Río Arga, a menos de 60 kilómetros al sur de Pamplona.
'Pituto' es fontanero 350 días al año y en fiestas, el primero que inicia la carrera del Pilón de Falces. También el mayor de la familia del encierro: tiene 60 años. Espera a cincuenta metros del corral con una camisa de cuadros blancos y azules, que sirve de referencia a los de más abajo. Son las nueve menos dos minutos de la mañana y en la primera curva del Pilón no se oye nada, si no es el carraspeo de alguno de los corredores del tramo y una canción lejana: «Al que corre en el Pilón, no le quites ser valiente. Échale un beso a la Virgen, que en la cuesta está presente. El encierro va a empezar. Ya está la mecha encendida, y el que no corra delante, que se quite enseguida».
Nadie dice nada, ni Javi, ni Arturo, ni José Luis, ni Fermín ni los demás, algunos de los mejores pares de piernas de los alrededores. Entre todos suman un siglo de experiencia. Huele a pasto seco y corre el aire fresco que acaricia la alfombra amarilla de gramíneas y pequeños arbustos: es un extraño día en el campo. El resto de la Humanidad debe estar engullendo un croissant. «¡Cohete!», avisa uno. «Pum. Ya vienen. No, que no baja 'Pituto' aún, quietos. ¡Ahora, ahora viene, vamos, venga, vamos, vamos!»

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Dueling banjos

Pasa muy de vez en cuando, pero en ocasiones una redacción se parece a esto. Y resulta maravilloso.

+ Vía | Tomás Toledo

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Extenuación

La miraba cada vez que entrábamos en el famoso restaurante de las chuletas en lo viejo de Donosti, un local de mármoles negros y maderas que regentaba un enorme expelotari. En la imagen, una trainera parada, si acaso acariciando el agua por la inercia de la regata, se escoraba como una canoa de turistas. Dentro, los cuerpos de los remeros destartalados sobre las cuadernas de la embarcación, los torsos girados hacia las bordas, sujetos con un codo a los toletes aún templados del roce con los remos, la cara arrasada en un espasmo de dolor y búsqueda de aire. Uno de ellos había caído desmayado. Su cabeza entraba en el agua y servidor, siendo niño, pensaba qué vería desde ahí abajo.
Hay gente que pierde la vida en un accidente o en una oficina. Ellos se la habían dejado en dos largos y una ciaboga en carrera loca por el honor, la ballena, la bandera, el doblón de Ahab, la gloria y se supone que porque les salía de los cojones. Desarmados, a punto de vomitar las tripas mismas por la borda, tienen algo de 'elcanos' o 'urdanetas' modernos, ganando la playa de Sanlúcar con la última brizna de fuerza que les dejaba el escorbuto y el mundo circundado.
Hoy me encuentro una fotografía similar, tanto que probablemente sea la misma tomada desde otro ángulo. Ambrosius de Konigsberg le ha puesto el mejor pie de foto: "es la antología de la extenuación". Su blog es de lo más brillante que hay en la red hoy en día. Disfrutadlo.

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Toy Story - Telefónica

Debo ser el único al que esta imagen le recuerda, no sabe por qué, al encierro en la bajada al callejón.

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Linda y 'La cigarra'

Este huapanguito que les dejo es de los mejor que hay, sobre todo interpretado por el talento descomunal de Linda Ronstad. Para todos los que sufren cuando lo berreo en duchas, viajes en coche, paseos por la mañana, cócteles en lujosas mansiones y demás borracheras... Aquí se lo dejo bien cantado para que conozcan su versión original.

Y si hablamos de Linda Ronstad, tampoco podemos dejar de lado 'Dos arbolitos', que en Kulala han nacido dos arbolitos, tema principal gran concierto de la cibersombra de mi madre en un anochecer del Sossuvlei al olor de la salvia salvaje.

Ándele una más triste... Venga, va, otro huapango dedicado a la que siempre dedicamos este huapango.

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La última: El ángel caído

Un altar frente al Adriático, coronado con dos platos de pasta, una botella de vino, una lata de Red Bull y dos apóstoles de la buena vida sentados alrededor de ella. El cielo de fondo podría ser un retablo dedicado al aire del mar, presidida la escena en su parte central por el cuerpo del hombre, casi como un cristo invertido, el ángel cayendo del cielo. La imagen del fotógrafo Dean Treml tiene algo del fresco de una iglesia futurista de la Italia surreal, ésa que dibuja Franco Battiato en sus letras visionarias.
Nadie diría que se está librando una competición deportiva de élite y que se trata realmente del Red Bull Cliff Diving, el olimpo de los clavadistas que se celebra en diferentes escenarios del mundo. Esta vez le tocaba a las murallas de Polignano a Mare, un adorable pueblo en el suroeste italiano, en la región de Puglia, un balcón al mar desde el que se lanzaron los doce mejores saltadores del mundo.
El de la imagen es Steve Black, un australiano con el pelo rubio al que apodan 'El Dundee bailarín', pues suele sorprender a sus fans con curiosas coreografías antes de saltar al vacío. Dice que lo hace para eliminar el miedo de enfrentar el cuerpo a una caída de 28 metros que dura unos dos segundos. En ese tiempo, es capaz de ejecutar algunos ejercicios, antes de cortar la superficie del agua con el cuerpo clavándose vertical, como un cuchillo en la carne. Más le vale. Se calcula que los saltadores alcanzan el agua a cien kilómetros por hora y a esa velocidad el golpe puede ser mortal.

+ Publicado hoy 09/08/10 en los diarios de Vocento (Suplemento V). Foto de Dean Treml. Reuters.

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Al calor del 'bou'

Nunca has visto una embolada? Ven, acércate. Aquí». Guillén Martínez Vall toma de la espalda al redactor y lo arrima a la puerta de chiqueros. El portón escupe los quinientos kilos de músculo de 'Africano'o, rebrincados en una lucha bestial contra la maroma de la que tiran varios mozos. Lo acercan en franca lucha hasta el pilón al que queda amarrado. Se encuentra uno emparedado en una masa nerviosa de compañerismo con gritos alrededor del animal al que Dani, Jaume y los demás sujetan mientras adaptan dos hierros en los pitones coronados por bolas de cera con esparto, que enciende una mujer después de abrirse paso entre el gentío. Se sienten los gritos de ánimo de las señoras que observan desde el muro, el olor a campo y la respiración del toro como un huracán acompasado. Lo abraza una masa de personas distintas en edad, estatus social y tendencia política, al calor del 'bou'. Pecho contra espaldas y espalda contra pechos, ahí en el centro de la batalla, el que escribe comprende que 'Africano', el toro de Masdenverge (Tarragona), es el único capaz de aglutinar a su alrededor a gentes tan dispares. Se corta la cuerda y a correr. Ya en la seguridad de la talanquera, tiemblan las manos y la respiración se entrecorta. «¿Te ha gustado? Pues esto somos nosotros», le dice un desconocido con una sonrisa. 'Africano', de la ganadería de Pedro Fumadó, galopa por la plaza con dos cometas luminosos un palmo por encima de los pitones, como una bestia mitológica en la noche de las Tierras del Ebro.

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El bou

-¿Nunca has visto una embolada?
-No.
-Pues acércate conmigo. Ven.

El lunes tendréis el reportaje.

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Morir de pie

Genial César Oroz.

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En papel: Roma

"Si le daban dos o tres series buenas, no veas qué jolgorio, chico. Era cosa rara eso, y de pronto te veías de pie, aplaudiendo. Pasaba de vez en cuando, porque la cosa estaba jodida para ver un buen toro y una buena faena, pero es que te venías arriba y sentías muchas cosas, algo así como lo que me cuentas que te pasa cuando ves a la chavala esa del Instituto, que te trae loco. Ay Paquito, lo que era ver salir un toraco de esos a los medios, galopando, frenarse así en seco, rás, levantar la cabeza con aquellos dos pitones y mirar desafiante a la plaza... O verlo embestir al caballo, de lejos. Esos toros con esa casta que había en algunas ganaderías, que eran chulos, valientes. Ya no quedan animales valientes, que antes los había, y tenían nombres y la gente los admiraba y se escribía de ellos. Tampoco se escribe ya de los animales, fíjate. Me acuerdo de un 'pavo' que se llamaba Joyerito, que está en la acuarela esa de ahí en la pared y que salió a Las Ventas. Qué toro... Madrid era la leche ¿sabes? con miles de tíos viendo a un sólo hombre. Le pitaban, o lo sacaban a hombros, depende de lo que hiciese el paisano, de los cojones que tuviese para darlo todo, que a los toreros también les pegaban unas cornadas que no veas y se venían arriba, como gallos y a veces toreaban como si fuesen ángeles que venían del cielo. Paula, Antoñete, Curro Vázquez, José Tomás... Y Sevilla, Pamplona, Azpeitia... Bah, déjalo estar, que me entra la negrura. Aquello no era divertirse, tampoco, al menos como tú lo entiendes en la discoteca, no, era distinto: te ponía contento, pero te revolvía por dentro cuando esos tíos se la jugaban así... Porque entonces estaba permitido jugársela, que no lo habían prohibido los hijueputas del Gobierno. Antes había peligros y héroes, glorias y sangres, como en el Circo de Roma, ¿me sigues?».
-¿Qué es Roma, abuelo?

+ Artículo publicado el 29/08/2010 en La Voz de Cádiz.

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Play

Cuesta creerlo y recordarlo en secuencia lógica. Todo pasó tan rápido... En nueve días. Un cohete, un beso, un pacharán, un abrazo, una resaca, un pincho, un toro, un pelo de punta, una burbuja en una copa de champán, un pitón, una pezuña, la espuma de una cerveza, un bocata, otra resaca, otro abrazo, un paseo, una gota de sudor, un pasodoble, el cielo, un traumatismo, una caricia, una pared, una jota, un pellizco, un ataque de risa, un hilo de sangre, una gaita, un enano, un vaso de sorbete, un tipo vestido de spíderman, una vomitona, un premio, media docena de amigos nuevos, un gigante, un aplauso, una gaita, un santo, un grito y aproximadamente 793 sonrisas.

 

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Pausa

En cinco minutos la redacción de Nadando con chocos entrerá oficialmente en sus vacaciones. La batalla ha sido dura, pero satisfactoria. Gracias a todos los que habéis luchado a nuestro lado.

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Un vistazo: 'Esperando a los refuerzos'

Esperan, no se sabe a qué. Probablemente ayuda. Quizás una rueda de repuesto, algo de gasolina o una bujía nueva. Uno de ellos se repantinga sobre ese cúmulo de bultos con enseres y granadas que acarrean los soldados en el videojuego de la guerra. Otro del que solamente se intuyen las manos, hojea una revista en la que una rubia luce cachas y curvas. Los soldados representarían el apacible tópico del descanso del guerrero, si no fuera porque no esperan a cambiar una rueda, sino que su blindado acaba de saltar por los aires. Las cosas de la batalla. Pertenecen a la compañía 162 de la Guardia Nacional, en misión con el Segundo Batallón de Combate de los Marines de los EE UU y unos minutos antes, les ha estallado bajo las posaderas una mina anticarro en una carretera en medio de ninguna parte, camino de la base en Helmand (sur de Afganistán).
El convoy que protegían antes de volar (un viaje ruidoso, pero sin heridos) llevaba en sus entrañas suministros para alimentar la descomunal maquinaria bélica de los aliados en el país. Obama está empeñado en ganar la guerra atacando las regiones del sur, controladas por los talibanes. Además de víveres, necesitan comunicarse, por eso mismo se afanan un día tras otro en arreglar las antenas de telefonía que los talibanes se empeñan en destruir. Desde 2008, han destrozado 200 de las 6.000 que instalaron los aliados. A partir de agosto, lo tendrán más fácil: el mundo les envía al frente 150.000 compañeros más. Llegan los refuerzos.

Artículo publicado en el Suplemento V de los diarios de Vocento el 29/0'6/2010.

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Descubre San Fermín con NCC: Las dianas

San Fermín, una mañana cualquiera. Son las 06:45 am. Antes de meterse a correr el encierro, tiene usted dos opciones: cagarse en los pantalones o matarse a bailar frente a la Pamplonesa cual demente. Amárrese del hombro de quien tenga a su lado y siga el ritmo, o levante las manos como si diera vueltas boca abajo en el Dragon Khan ese. Sienta la vida hormiguear en las palmas, el corazón despertando y cómo retumba el eco del bombo en el estómago desastrado por los nervios y los gintonics de la víspera. Tranquilo... puede ocurrir, pero es muy improbable que se desmaye. A esas alturas, su cuerpo no está para chorradas. Así que sonría, mire al cielo y no piense demasiado en lo que resbala el jodido suelo. Queda aún una hora para el cohete, no le dé demasiadas vueltas. "El que se levante para las seis, delante los toros correrá. San Fermín que todo lo ve, le bendecirá, le bendecirá, le bendecirá..." A ver, los fantasmas... vayan saliendo de uno en uno del establecimiento, que es el momento de perder la cabeza con las Dianas, el carpe diem sanferminero: miedo con cachondeo; olor a pis con ganas de vivir.
Altamente recomendado.

Las dianas de lejos.

Y de cerca:

No se trata de que ya falte menos. ¡Es que ya no podemos más!

+ Foto | Fiestasdesanfermin.com

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Los dos Esplá

De aquél desayuno vino este reportaje.

Alejandro se hizo matador hace hoy una semana. A sus 27 años, recibía en Alicante la alternativa de manos de su padre, Luis Francisco Esplá (Alicante, 1958), una de las figuras más respetadas de las últimas décadas. Pasaban de mano generaciones, saberes y compromisos presentes; y dolores, glorias y sangres futuras: todo lo que de bueno y malo lleva en los pitones el mundo del toro. Alejandro escuchó 35 palabras que no olvidará en su vida: «Lo que tiene inercia es difícil de parar. Lo que tiene estabilidad es difícil de tumbar y lo que tiene calidad y verdad es un argumento eterno. El secreto está en empujar y hacer fuerza». El padre, el hijo y Morante escenificaban un rito iniciático. Los dos primeros cruzaban sus trayectorias en el universo limitado del ruedo.
Hay padres e hijos unidos por la pesca o la afición al fútbol; ellos dos compartieron durante una hora el insigne título de matador de toros en activo. Completaban un ciclo de vida en menos de lo que dura un partido de tenis: el grande hizo hombre al pequeño y, un rato después, el pequeño le cortó la coleta al grande. A los que no tienen una tostadora por corazón se les hizo la garganta un nudo.
Fuera de la plaza, no todo es tan fácil. «Desde hace días estoy revisando qué he hecho mal para que me salga un hijo torero. Nunca hemos hablado de toros, ni hay nada relacionado con los toros en casa. No entiendo», bromea Luis Francisco Esplá antes de que llegue Alejandro a una entrevista en la cafetería de un hotel de Talavera.
–Y su madre, ¿qué dice?
–Su madre se quiere cortar las venas.

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Tú mandas, chaval

Por supuesto, la redacción de Nadando con chocos se tomó un coca cola. 

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Somos un tercio español (un vídeo para la selección)

Un vídeo para la selección antes del partido. ¿Cuál les pondrías tú?

 

Charlie Medina Cabrera propone este, qué grande:

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