En papel: Twitterfauna
A tribute to doing it wrong... Realmente inspirador.+Vía | Miguel Domingo García.
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Hacer algunos reportajes es un regalo. Este es uno de ellos. Jesús Mari, José Mari, Íñigo, Celia, José Luis, Fermín, Javi, Arturo...Gracias a todos los amigos que hicimos el día en que bajamos del monte peligrosamente.
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Pasa muy de vez en cuando, pero en ocasiones una redacción se parece a esto. Y resulta maravilloso.+ Vía | Tomás Toledo
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La miraba cada vez que entrábamos en el famoso restaurante de las chuletas en lo viejo de Donosti, un local de mármoles negros y maderas que regentaba un enorme expelotari. En la imagen, una trainera parada, si acaso acariciando el agua por la inercia de la regata, se escoraba como una canoa de turistas. Dentro, los cuerpos de los remeros destartalados sobre las cuadernas de la embarcación, los torsos girados hacia las bordas, sujetos con un codo a los toletes aún templados del roce con los remos, la cara arrasada en un espasmo de dolor y búsqueda de aire. Uno de ellos había caído desmayado. Su cabeza entraba en el agua y servidor, siendo niño, pensaba qué vería desde ahí abajo.
Hay gente que pierde la vida en un accidente o en una oficina. Ellos se la habían dejado en dos largos y una ciaboga en carrera loca por el honor, la ballena, la bandera, el doblón de Ahab, la gloria y se supone que porque les salía de los cojones. Desarmados, a punto de vomitar las tripas mismas por la borda, tienen algo de 'elcanos' o 'urdanetas' modernos, ganando la playa de Sanlúcar con la última brizna de fuerza que les dejaba el escorbuto y el mundo circundado.
Hoy me encuentro una fotografía similar, tanto que probablemente sea la misma tomada desde otro ángulo. Ambrosius de Konigsberg le ha puesto el mejor pie de foto: "es la antología de la extenuación". Su blog es de lo más brillante que hay en la red hoy en día. Disfrutadlo.
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Debo ser el único al que esta imagen le recuerda, no sabe por qué, al encierro en la bajada al callejón.
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Este huapanguito que les dejo es de los mejor que hay, sobre todo interpretado por el talento descomunal de Linda Ronstad. Para todos los que sufren cuando lo berreo en duchas, viajes en coche, paseos por la mañana, cócteles en lujosas mansiones y demás borracheras... Aquí se lo dejo bien cantado para que conozcan su versión original. Y si hablamos de Linda Ronstad, tampoco podemos dejar de lado 'Dos arbolitos', que en Kulala han nacido dos arbolitos, tema principal gran concierto de la cibersombra de mi madre en un anochecer del Sossuvlei al olor de la salvia salvaje. Ándele una más triste... Venga, va, otro huapango dedicado a la que siempre dedicamos este huapango.
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Nunca has visto una embolada? Ven, acércate. Aquí». Guillén Martínez Vall toma de la espalda al redactor y lo arrima a la puerta de chiqueros. El portón escupe los quinientos kilos de músculo de 'Africano'o, rebrincados en una lucha bestial contra la maroma de la que tiran varios mozos. Lo acercan en franca lucha hasta el pilón al que queda amarrado. Se encuentra uno emparedado en una masa nerviosa de compañerismo con gritos alrededor del animal al que Dani, Jaume y los demás sujetan mientras adaptan dos hierros en los pitones coronados por bolas de cera con esparto, que enciende una mujer después de abrirse paso entre el gentío. Se sienten los gritos de ánimo de las señoras que observan desde el muro, el olor a campo y la respiración del toro como un huracán acompasado. Lo abraza una masa de personas distintas en edad, estatus social y tendencia política, al calor del 'bou'. Pecho contra espaldas y espalda contra pechos, ahí en el centro de la batalla, el que escribe comprende que 'Africano', el toro de Masdenverge (Tarragona), es el único capaz de aglutinar a su alrededor a gentes tan dispares. Se corta la cuerda y a correr. Ya en la seguridad de la talanquera, tiemblan las manos y la respiración se entrecorta. «¿Te ha gustado? Pues esto somos nosotros», le dice un desconocido con una sonrisa. 'Africano', de la ganadería de Pedro Fumadó, galopa por la plaza con dos cometas luminosos un palmo por encima de los pitones, como una bestia mitológica en la noche de las Tierras del Ebro.
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Cuesta creerlo y recordarlo en secuencia lógica. Todo pasó tan rápido... En nueve días. Un cohete, un beso, un pacharán, un abrazo, una resaca, un pincho, un toro, un pelo de punta, una burbuja en una copa de champán, un pitón, una pezuña, la espuma de una cerveza, un bocata, otra resaca, otro abrazo, un paseo, una gota de sudor, un pasodoble, el cielo, un traumatismo, una caricia, una pared, una jota, un pellizco, un ataque de risa, un hilo de sangre, una gaita, un enano, un vaso de sorbete, un tipo vestido de spíderman, una vomitona, un premio, media docena de amigos nuevos, un gigante, un aplauso, una gaita, un santo, un grito y aproximadamente 793 sonrisas.
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Esperan, no se sabe a qué. Probablemente ayuda. Quizás una rueda de repuesto, algo de gasolina o una bujía nueva. Uno de ellos se repantinga sobre ese cúmulo de bultos con enseres y granadas que acarrean los soldados en el videojuego de la guerra. Otro del que solamente se intuyen las manos, hojea una revista en la que una rubia luce cachas y curvas. Los soldados representarían el apacible tópico del descanso del guerrero, si no fuera porque no esperan a cambiar una rueda, sino que su blindado acaba de saltar por los aires. Las cosas de la batalla. Pertenecen a la compañía 162 de la Guardia Nacional, en misión con el Segundo Batallón de Combate de los Marines de los EE UU y unos minutos antes, les ha estallado bajo las posaderas una mina anticarro en una carretera en medio de ninguna parte, camino de la base en Helmand (sur de Afganistán).
El convoy que protegían antes de volar (un viaje ruidoso, pero sin heridos) llevaba en sus entrañas suministros para alimentar la descomunal maquinaria bélica de los aliados en el país. Obama está empeñado en ganar la guerra atacando las regiones del sur, controladas por los talibanes. Además de víveres, necesitan comunicarse, por eso mismo se afanan un día tras otro en arreglar las antenas de telefonía que los talibanes se empeñan en destruir. Desde 2008, han destrozado 200 de las 6.000 que instalaron los aliados. A partir de agosto, lo tendrán más fácil: el mundo les envía al frente 150.000 compañeros más. Llegan los refuerzos.
Artículo publicado en el Suplemento V de los diarios de Vocento el 29/0'6/2010.
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San Fermín, una mañana cualquiera. Son las 06:45 am. Antes de meterse a correr el encierro, tiene usted dos opciones: cagarse en los pantalones o matarse a bailar frente a la Pamplonesa cual demente. Amárrese del hombro de quien tenga a su lado y siga el ritmo, o levante las manos como si diera vueltas boca abajo en el Dragon Khan ese. Sienta la vida hormiguear en las palmas, el corazón despertando y cómo retumba el eco del bombo en el estómago desastrado por los nervios y los gintonics de la víspera. Tranquilo... puede ocurrir, pero es muy improbable que se desmaye. A esas alturas, su cuerpo no está para chorradas. Así que sonría, mire al cielo y no piense demasiado en lo que resbala el jodido suelo. Queda aún una hora para el cohete, no le dé demasiadas vueltas. "El que se levante para las seis, delante los toros correrá. San Fermín que todo lo ve, le bendecirá, le bendecirá, le bendecirá..." A ver, los fantasmas... vayan saliendo de uno en uno del establecimiento, que es el momento de perder la cabeza con las Dianas, el carpe diem sanferminero: miedo con cachondeo; olor a pis con ganas de vivir.
Altamente recomendado.
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De aquél desayuno vino este reportaje.
Alejandro se hizo matador hace hoy una semana. A sus 27 años, recibía en Alicante la alternativa de manos de su padre, Luis Francisco Esplá (Alicante, 1958), una de las figuras más respetadas de las últimas décadas. Pasaban de mano generaciones, saberes y compromisos presentes; y dolores, glorias y sangres futuras: todo lo que de bueno y malo lleva en los pitones el mundo del toro. Alejandro escuchó 35 palabras que no olvidará en su vida: «Lo que tiene inercia es difícil de parar. Lo que tiene estabilidad es difícil de tumbar y lo que tiene calidad y verdad es un argumento eterno. El secreto está en empujar y hacer fuerza». El padre, el hijo y Morante escenificaban un rito iniciático. Los dos primeros cruzaban sus trayectorias en el universo limitado del ruedo.Comments [2]
Un vídeo para la selección antes del partido. ¿Cuál les pondrías tú?
Charlie Medina Cabrera propone este, qué grande:
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