Ordenador de la sala de RSU de Barajas. Cansancio severo eclipsado por una sonrisa ancha. No todos los días son el día más feliz de una vida, igual que no todas las mujeres no son la mujer de la vida de uno. La redacción de Nadando con chocos y la Sra. Nadando con chocos toman en dos horas un avión con rumbo a Dar es Salaam y más tarde las tierras altas de Tanzania. Si todo va bien, en 24 horas dormirán de la mano del sueño de África, nadando en las polvaredas salvajes de la gran migraciones, volando sobre el sosiego de las fértiles riveras del Rufiji, asomados a la fuente de vida del cráter del Ngoro Ngoro, en las luchas con los gigantes del Índico.
A todos los que nos habéis hecho felices estos días, gracias. Nos vemos en Pamplona, queridos. Ahora, África.
Hay dos tipos de personas: los que han estado de baja laboral por ansiedad y los que no. Recientemente me he mudado de grupo y no será el único giro en los próximos días. La redacción de Nadando con chocos quedará suscrita en breve a los grupos ‘Felizmente casados’ y ‘Humanos que han visto amanecer en el Ngoro-Ngoro’ (lo siento, Daniel). Quizas incluso al de ’Personas que han pescado un pez de más del doble de su peso’. Si hay suerte. Más suerte, digo, porque sigue adscrito a ‘Gente que es consciente de que hay gente que la quiere’.
Con todas estas mudanzas, comprendan las ausencias. Ganas de verles de nuevo muy pronto.
Una buena idea sin pretensiones, «sin estudios de mercado», como el manzanazo de Newton o el baño de Arquímedes. Así decidieron en 1989 Mikel Urmeneta, Gonzalo Domínguez y Koldo Aiestarán vender sus camisetas en San Fermín, con unos curiosos monigotes gamberros que contaban la fiesta y tradiciones sin el barniz de los souvenirs de la época. Pidieron un millón de pesetas cada uno al banco y vendieron 3.000 camisetas sin un plan de preventa. Sin nada. Eureka. Veinte años después venden un millón de camisetas cada año y decenas de líneas de productos más en 20 tiendas y un millar de distribuidores autorizados. Esta mañana, Koldo Aiestarán (Pamplona, 1966) acude a Jerez a explicar el milagro del beso de la pulga (traducción del euskera Kukuxumusu) y su modelo de negocio que ha cambiado la manera de hacer souvenirs en medio mundo.
-¿Qué hacía antes de formar parte de Kukuxumusu?
-Acabé la carrera de Diseño Industrial en Barcelona y trabajé quince días en una empresa. Me echaron. Read the rest of this entry »
Además de una notable cantidad de tiempo libre y una buena cámara de fotos, el turista tiene algo de lo que nativo carece: la capacidad de sorpresa. Por eso le conmueve a uno verlos en lo suyo, en su ciudad. De camino a la escuela, bordeando con rutina la Bahía de la Concha guardo media docena de imágenes de encuentros mágicos con forasteros. Sin conocerlos. Todos ellos tenían en común que era la primera vez que conocían el mar. A una edad. Andá, el mar, ahí está. Y así daban a luz con los ojos como platos a un nuevo mundo en el que ya nada espacial se concebiría sin la referencia constante a la distancia de uno con la inmensidad del océano. Las manos agarrando el último resquicio de tierra que era la barandilla más famosa del planeta, la mirada en la quinta puñeta, el corazón a punto de saltar por la borda de la boca y una misma frase tonta en los labios. No podían decir otra cosa. ¿Qué quieres decir, leches? “Es grande…” Pues eso.
Con cualquier excusa me paraba cerca de ellos, apoyado mirando a otro lado, observando, sin perder detalle, sin ser visto. Desde entonces tengo la costumbre -sana o no- de hacer regularmente de vampiro de las emociones de los que conocen lo mío, allí parado timpanillo avizor, esperando trincar para mí algo de esos niños viejos que van mapa en mano descubriendo el mundo. Allí me planto escudriñando a ver si redescubro yo también algo de lo mío, de lo que ya no me exalta casi nunca, a ver si sigo vivo, pues dejar de sorprenderse es una muerte, chica, pero muerte.
Estos días han llegado miles de ellos a Cádiz en sus ciudades de rascacielos flotantes y han seguido su camino, típico para muchos pero único para cada uno de ellos. Ese que empieza en el Monumento a las Cortes con la boca abierta y la docena de fotos y que se pierde por las calles donde van ellos cámara en mano, con sus gorros y sombreros y su zapato cómodo, con sus camisas color pastel y sus bermudas con calcetines. Y Cádiz se puso bonita para recibirlos, meneando los planateros de la plaza España con un noroeste que pegaba a bocajarro en la Caleta, limpiando el aire en azules límpidos con ribetes blancos y rojos sobre las torres, como estandartes de un mundo distinto. Allí me fui con ellos, a sentir sus sensaciones, que es gratis y a rebelarme contra los que les ponen las malas caras, los que aún piensan que eso no vale ná, los que dicen de los otros eso de “míralos, van como tontos”, sin saber que los tontos son ellos.
+ Esta es la versión completa del artículo publicado en LA VOZ hoy 15/5/2009. La foto es de Francis Jiménez.
Sabían que existían otros distintos, aunque no habían visto a muchos. Humanos con una piel diferente y costumbres remotas, pese a que dijesen que en el fondo eran iguales a ellos. Por fin aceptaron viajar al otro lado de la Tierra y volar por medio mundo para conocer a aquella tribu lejanísima: los franceses. Dos papous haciendo el tour resulta algo clarificador y conmueve por su amalgama de malicia e inocencia. Cándido e inteligente es una combinación que ya no se encuentra en occidente, pues nos la debimos cargar antes mismo que la honradez.
Esta es una de las mejores piezas audiovisuales que la redacción de Nadando con chocos ha tenido la suerte de ver en los últimos días. Un documental de quitarse el sombrero. Se llama ’L’ exploration inversée’ (la exploración invertida), un título sugerente, sintético y eficaz que la máquina trituradora de la traducción española ha dejado en ‘Una tribu en Francia’. Apareció anteayer en Odisea y si los clientes de Ono se dan prisa igual lo trincan en Ojo.
En internet os dejo la primera de seis partes. Excusez moi, no hay traducción al español. No se lo pierdan.
El blog tiene dos caras. Una es de piedra, como la de Sísifo, venga con la piedra p’arriba, una obligación que, como todas, se acaba por dejar para más tarde. Eso se llama procastinación, de procrastinar, que es uno -y no necesariamente el mayor- de los defectos de la redacción de Nadando con chocos. Esa cara, la de días sin publicar un post, la de la desgana, se alterna con la otra en un milisegundo. Para tomar conciencia de lo corto de ese ratito, sepan que el milisegundo es el tiempo que pasa en Sevilla desde que se pone el semáforo en verde hasta que el coche de detrás te toca la bocina. Eso, zás, y se pasa al otro estado, el de querer decir algo, de escribir algo, lo que sea, qué más da. Cualquier excusa es buena para preguntar ¿Estáis ahí?. O mejor:
¿Seguís ahí?
+ Nota de aviso | El megáfono tiene un significado de comunicación y es una fotografía tomada al azar de la red. EN NINGÚN CASO es una invitación a que La Pacharana arregle el suyo y se lo traiga de nuevo de los US a San Fermín 2009. Le rogamos que éxitos sanfermineros de altavoz como ‘Oé, oé, oé, oée, Viladecans, Viladecans’ o ‘Las minimotos, oiga, las minimotos’ queden para siempre en un lugar (destacado y venerable) del olimpo de los recuerdos.
El Comodoro Sakarratxa lo sabe todo y por eso manda este vídeo. ‘Master&Commander’ es una película por derecho, cosa que no quiere decir mucho viniendo de esta redacción, que sabe de cine lo que de cricket. Pero es un peliculón, de veras, que habla de los amigos, del mar, del valor y la cobardía, del compañerismo, de la guerra y de barcos. ¿Algo más? Es una película con dos cojones. Y no salen tías -Bibiana, no te me enfades-. Bueno, sí, una y vende fruta en una canoa.
Todo el que tenga en la sangre algo más que horchata ha navegado en la ‘Surprise’ y ha luchado por ella -todo “gurutal” al estilo Reguera-. Y el que ha tenido interés, se ha leído los 20 libros de POB de los que salió la película. Con ellos, la redacción de Nadando con chocos estuvo durmiendo en coy más de un año, separada de la gloria eterna por unas pocas pulgadas de madera, soñando con Valparaíso, el Cabo, los astilleros de Funchal, doble ración de grog con los de la guardia de proa, rachas de metralla y manos que empujan las cureñas las noches de tormenta. ¡Qué historia!
Hubo muchos hurras a Jack el Afortunado y a la ‘Surprise’, algunos incluso con premio. Había llegado el momento de hacer el viaje realidad. Peloto y un servidor embarcados dos años a bordo de una réplica de un galeón del XVIII rumbo al Mar de China. Al otro lado del mundo. Sin pasar por los cabos, ni violín ni violoncelo, pero dos amigos al fin y al cabo en la inmensidad con una aventura y muchos puertos por delante. Otra historia. Como no se puede navegar contra el viento con aparejo cuadrado, se deja el viaje por otra aventura, con una Sophie que no se merece pasar tantas noches a solas frente al fuego. “El barco puede ser del XVIII, pero las mujeres ya no son las del XVIII”.
Claro, que no nos quedaremos en tierra. Si todo va bien -y esta vez sin negras en el coy-, el ‘compadre’ y el que escribe zarparán quién sabe de dónde con misión aún desconocida por un par de meses, quizás más… ¿Qué no, Gorrión? Igual hasta se viene Pablo, nuestro particular Pullings en versión trash metal.
¡Toca una burda!
¡Raspa un estay!
¡Que los vientos y los dioses nos protejan!
Jonathan Littell en les Bienveillantes: Que je m’ adresse a vous ne veut pas dire que j’écris pour vous”. (”Que me dirija a ustedes no quiere decir que escriba para ustedes”).
-¿Wikipedia que es?
- Una enciclopedia universal
- ¿Universal?
- Que viene todo
-¿Viene ‘acedía de trasmallo’?
Chapu Apaolaza
Realmente me llamo Francisco Fermín Apaolaza, dado que tuve la suerte de nacer un seis de julio. En San Sebastián. Iba para boticario pero me hice eso que dicen que se llama periodista, que es como decir ná. Hace dos años me vine a Cádiz a participar en el arranque de un periódico, ‘La Voz de Cádiz’. Y aquí me quedé, en Cádiz, con esta tribu, ‘nadando con chocos’. En la plaza de España, para más datos. 36.32 N / 6.18 O